domingo, 8 de septiembre de 2019

LA VERDAD ABSOLUTA

Estatua al inmigrante
Del “efectismo” nos dice el Diccionario de la Real Academia Española, que es el “Efecto causado por un procedimiento, o recurso empleado, para impresionar fuertemente el ánimo”, por lo que (en consecuencia), “efectista” es aquel “que busca, por encima de todo todo, producir fuerte efecto o impresión en el ánimo”.

Imaginemos por un instante que  hay dos grupos de personas sentado el uno frente al otro, es decir: uno sentado a nuestra derecha y el otro a nuestra izquierda, igualmente imaginemos que en el piso hay un papel en el que aparece escrito un número.



El grupo sentado a nuestra derecha identifica dicho número como el nueve (9) mientras que el grupo sentado a nuestra izquierda lo identifica como el número seis (6).


La pregunta es:

¿Quién tiene la razón?

¿La tiene el grupo que lo identifica como el número nueve (9)?

O en su defecto

¿La tiene el grupo que lo identifica como el número seis (6)?

Y es justo en este momento cuando procede traer a colación la locución “Ley Campoamor” la cual sirve (usándola metafórica o retóricamente), para dar a entender que se ha hecho una apreciación o conclusión interesada o sesgada.


La mencionada locución “Ley Campoamor” tiene su origen en unos versos de Ramón de Campoamor (1817-1901) incluidos en su poema de 1846 “Las Dos Linternas” (Perteneciente a su obra “Las Dolorosas”)



Diógenes en su tinaja


Cabe destacar que el referido poema “Las Dos Linternas” alude a Diógenes de Sinope, quien fuera un filósofo griego  también llamado Diógenes el Cínico, perteneciente a la escuela cínica. De él se dice que vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza extrema en virtud.
Diógenes y su lámpara

Se dice que vivía en una tinaja, en lugar de una casa, y que de día caminaba por las calles con una lámpara encendida diciendo que “buscaba hombres” (honestos).


El poema en cuestión dice así:

“De Diógenes compré un día la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía cuánto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece; la suya parece negra;
la de él todo lo entristece; la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color del cristal con que se mira.

– Con mi linterna – él decía- no hallo un hombre entre los seres-.
¡Y yo que hallo con la mía hombres hasta en las mujeres!
él llamó, siempre implacable, fe y virtud teniendo en poco,
a Alejandro, un miserable, y al gran Sócrates, un loco.
Y yo ¡crédulo! entretanto, cuando mi linterna empleo,
miro aquí, y encuentro un santo, miro allá, y un mártir veo.

¡Sí! mientras la multitud sacrifica con paciencia
la dicha por la virtud y por la fe la existencia,
para él virtud fue simpleza, el más puro amor escoria,
vana ilusión la grandeza, y una necedad la gloria.

¡Diógenes! Mientras tu celo sólo encuentra sin fortuna,
en Esparta algún chicuelo y hombre en parte ninguno,
yo te juro por mi nombre que, con sufrir al nacer,
es un héroe cualquier hombre, y un ángel toda mujer.

Como al revés contemplamos yo y él las obras de Dios,
Diógenes o yo engañamos. ¿Cuál mentirá de los dos?
¿Quién es en pintar más fiel las obras que Dios creó?
El cinismo dirá que él; la virtud dirá que yo.

Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color del cristal con que se mira.”

Dependiendo desde el punto de vista de cada quien, la verdad es siempre parcial, condicionada, en una palabra: relativa, y en consecuencia falsa vista desde otra óptica.

“Toda corriente del pensamiento humano tiene su contrapartida, y todo pensador su virtual opositor. Estos antagonismos no nos sorprenden habitualmente, pero cuando nos percatamos que ambos tienen razón, la sorpresa y el anonadamiento nos asaltan”. (Aleister Crowley)

Los postulados de Isaac Newton, en muchas de sus premisas, se impugnan respecto a los de Albert Einstein, sin embargo, tanto Newton como Einstein, (desde su propio punto de vista), tienen razón.

Las verdades son verdades encontradas, y estas “verdades encontradas” ponen de manifiesto la falacia de la verdad absoluta, llevándonos del paradigmático universo platónico a la socrática ignorancia del todo.

“Nacer es morir; morir es nacer”.

Como resultado de todo lo antes planteado podríamos concluir, erróneamente, que no existe una verdad absoluta, pero como dice André Maurois, sí hay una verdad absoluta y esta es que:


“Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa”.

O como dice Nicolás Berdiaeff:

“Más no existen, en principio, verdades absolutas; hay, en realidad, una sola verdad absoluta, a saber: que no hay verdad absoluta en sí”.

Lo anteriormente expuesto no presupone que debamos desistir en “la búsqueda de la verdad” (que deseamos encontrar y que seguramente no encontraremos), habida cuenta que la vida es la constante prospección de la certidumbre.


“Nadie puede apartarse de la verdad sin dañarse a sí mismo” (Lope de Vega)

Finalmente: es posible que el oscurantismo, la incultura, la ignorancia, la inexperiencia o el desconocimiento, nos hagan experimentar una especie de dicha, de alegría o satisfacción, pero de seguro la vida, los hechos, nos harán entender que esa dicha, alegría o satisfacción fundamentada en la incultura, la ignorancia, la inexperiencia o el desconocimiento es efímera, perecedera.

Juan 8:32

32. y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.


Freddy del Moral P.

M.º.M.º. P.º.M.º.
Hijo de la Resp.º. Log.º. Sol de Aragua Nº 96 O.º. de Maracay Edo. Aragua - Venezuela.
Ex V.º.M.º. de la Resp.º. Log.º. Guacara Nº 190 O.º. de Guacara Edo. Carabobo – Venezuela.

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